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sábado, 16 de febrero de 2013

La economía no puede continuar asentada sobre la bomba de relojería de los escándalos y las batallas políticas internas.



El presidente de la CEOE, Joan Rosell, señalaba el viernes en una entrevista con el Economista que la corrupción ha logrado en dos semanas derrumbar la imagen de España, que se había ganado a pulso desde el verano. El mismo Rosell deberá responder en las próximas semanas a la cuestión de si su organización debe mantener a Arturo Fernández como vicepresidente, después de las acusaciones de varios de sus exempleados de que los gratificaba con dinero negro. Una práctica muy extendida en el sector de la hostelería, donde los horarios se adaptan a las necesidades del cliente y no entienden de convenios. Con independencia de si es cierto o no, las instituciones deben cuidar su imagen pública y depurar a aquéllos sobre los que haya sospechas fundadas de fraude, en contra de la opinión extendida entre sus dirigentes de esperar a que sean imputados o acusados por un juez. Entonces es demasiado tarde y el daño a la institución es ya irreparable, como le ocurre al PP en el caso Bárcenas.
La reputación del Círculo de Empresarios está cada vez más por los suelos debido al empecinamiento en mantener al frente a Mónica Oriol, máxima ejecutiva de Seguriber, la empresa que velaba por la seguridad del Madrid Arena. Con qué autoridad moral puede defender sus ideas una organización cuya dirigente no supo evitar una tragedia que segó varias vidas humanas.
Lo peor del escándalo de los presuntos sobres en B del PP es que cada vez existen más pruebas de que la espoleta puede estar en la guerra interna entre sus dirigentes. La expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, fue la primera que comenzó a hablar de sueldos en B en un encuentro digital en un diario nacional. Sus enemigos lo atribuyen a que está enfrentada a la secretaria general, María Dolores de Cospedal. Ésta quería colocar a la aún ministra de Sanidad, Ana Mato, como número uno por el Ayuntamiento de Madrid, en sustitución de la actual alcaldesa, Ana Botella. Una potestad que está en manos de Aguirre como presidenta del PP regional, quien, según las malas lenguas, querría el puesto incluso para sí misma.
Quizá por eso la ministra de Sanidad se envalentonó durante la comparecencia esta semana en el Congreso y anunció con falso orgullo que no pensaba dimitir. Pero aún hay más. El pulso entre Cospedal y Aguirre puede determinar el futuro del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.
En los mentideros de la capital se asegura que Bárcenas pedía a muchos dirigentes la firma de un recibí, y que esos documentos, todavía en poder del todopoderoso extesorero tratado con guante blanco en Génova, pueden hacer saltar a algunos antiguos dirigentes de este partido en cualquier momento.
La polémica debilita a Rajoy y divide al Gobierno. La mayoría de sus miembros se decantan en privado por el cese de Mato. Abogan por que la crisis de Gobierno con la que se especulaba en torno al verano para nombrarla como candidata a la alcaldía sea aprovechada ahora para su cese, junto a una discreta reordenación ministerial.
Ya lo decía Tirso de Molina, "no hay contrario mayor que el enemigo de casa". Si no, que le pregunten a Rodrigo Rato. El ya exgobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que primero le apoyó para que presidiera Bankia y después le aprobó un plan de salvación y redactó un texto elogioso con la gestión de la entidad bajo su dirección, se despachó esta semana ante el juez con que "el Banco de España no confiaba en Rato por su inexperiencia". Insólito.
Ordóñez echó la culpa de todo a Guindos. En eso coincidió con la versión defendida por Rato ante el mismo magistrado, que acusó al ministro de Economía, Luis de Guindos, de tumbar los planes de recapitalización de Bankia y forzar su marcha en una actuación "sin precedentes", según el exgobernador. El comportamiento de Guindos con Rato, su anterior jefe en el Ejecutivo Aznar, da para escribir un libro.
Otro lugar donde andan a tiro limpio es el PSOE. Su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, se equivoca si piensa que con desvelar que gana menos de la mitad que Rajoy va a recuperar credibilidad. Rubalcaba ya es historia. Las sospechas de corrupción afectan por igual a ambas formaciones y no quedarán resueltas hasta que se produzca una renovación total de sus cúpulas directivas. La receta es aplicable a los líderes de CiU, Artur Mas, Oriol Pujol o Antoni Duran.
Por lo que se ve, esto pasa en las mejores familias. El paradigma más cercano es el del Sumo Pontífice, Benedicto XVI, quien después de anunciar su renuncia reconoció durante la celebración en la basílica de San Pedro del Miércoles de Ceniza, que "el rostro de la Iglesia aparece muchas veces desfigurado. Pienso en particular en las culpas contra la unidad, en las divisiones del cuerpo eclesial". Muchos deberían pensar en seguir sus pasos. La economía no puede continuar asentada sobre la bomba de relojería de los escándalos y las batallas políticas internas.

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